Ahora que se acerca San Juan recuerdo todos aquellos años que lo pasábamos con la familia en una casa rural. Todos los tíos y primos nos reuníamos en motivo de la verbena de San Juan y disfrutábamos de 3 días en familia. Era tradición y nunca fallaba nadie.

Cada año era un reto porque había que buscar una casa que se adecuara a nuestras necesidades…éramos más de 30 personas y de todas las edades. Buscábamos casas con el espacio suficiente para todos, con un buen jardín, que tuviera una buena mesa para poder sentarnos todos (aunque a menudo teníamos que hacer dos turnos para comer), una sala de juegos, pero… ¡lo no podía faltar era la piscina! Cada año los primos estábamos a la expectativa de cómo sería la piscina … y es que nos pasábamos todo el día allí. Hacíamos partidos de voleibol, los grandes enseñaban a los pequeños a nadar y hacíamos competiciones de
saltos. ¡Qué nostalgia!

Uno de los tres días era para hacer una excursión: íbamos a visitar el pueblo más curioso, hacíamos una ruta o íbamos a ver algún museo interesante que había en los alrededores. Siempre pretendíamos explorar la zona donde íbamos, por eso cada año intentábamos cambiar de casa y de localización.

Las comidas también eran todo un reto. Cocinar para tantos no es fácil teniendo en cuenta que algunos son celíacos, intolerantes a la lactosa, alérgicos a algunos alimentos… en fin, era divertido. Para ser más prácticos hacíamos turnos de cocina, de poner y quitar la mesa y de lavar los platos, así todos colaborábamos… ¡y es que, qué trabajo!

Por las noches jugábamos a juegos de mesa o veíamos películas, y por la noche de San Juan íbamos al pueblo a tirar petardos. Lo más especial, venía el día siguiente, el día de San Juan, ya que venían los abuelos a comer y ese día sí estábamos la familia al completo. Era mágico. Ahora ya se ha perdido la tradición, los primos nos hemos hecho mayores y cada uno hace la suya, ¡ojalá podamos repetirlo pronto!

Estonetes de lectura a l'aire lliure

Texto y fotos: Ariadna Vallys Aymerich

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